Los días que siguieron a la partida de Alexander fueron grises, incluso cuando el sol brillaba con fuerza sobre el valle. Juan caminaba por los pasillos de la escuela como un autómata, con la mirada perdida en las montañas y la fotografía instantánea guardada celosamente en el bolsillo de su camisa, justo sobre el corazón.

Su tristeza no pasó desapercibida para nadie; el profesor prolijo y siempre atento ahora cometía errores en el pizarrón y suspiraba profundamente entre lecciones. El pueblo, que solía ser un refugio de paz, se había convertido para él en una jaula de recuerdos donde cada rincón le recordaba la risa de Alexander y el calor de sus manos.

La madre de Juan, a pesar de su rigidez, observaba a su hijo con una punzada de dolor en el pecho. Sabía que el brillo en los ojos de Juan se había apagado desde que el joven de la guitarra se marchó, y decidió que tenía que hacer algo al respecto.
Una tarde, mientras Juan corregía exámenes en su escritorio, su madre se acerco a él y puso su mano sobre su hombro “No puedes seguir así, hijo”, le dijo con una voz inusualmente suave. “Ese muchacho se llevó algo tuyo, y creo que es hora de que vayas a recuperarlo”.

La sorpresa de Juan fue total cuando descubrió que su madre se había aliado con su abuelo y sus amigas para reunir el dinero necesario para un viaje largo. La mujer le entregó un sobre con un pasaje hacia la ciudad de Costa Azul, el lugar que Alexander había mencionado como su próximo destino antes de partir.

Conmovido hasta las lágrimas por el apoyo de sus seres queridos, Juan sintió que una carga inmensa se levantaba de sus hombros. Armó su valija con lo esencial, despidiéndose de sus alumnos con la promesa de volver con historias nuevas que contar y canciones que enseñarles en la escuela.

El viaje fue una odisea de horas en autobús, dejando atrás la seguridad de los bosques y las montañas para adentrarse en paisajes desconocidos. Juan miraba por la ventana, sintiendo una mezcla de miedo y esperanza, preguntándose si sería capaz de encontrar a un solo hombre en medio de la inmensidad de una gran ciudad.


