Durante días enteros, Diego se dedicó a recorrer los alrededores del castillo, oculto entre la maleza y las sombras de los árboles circundantes. No dejaba detalle sin analizar: observaba con precisión cada movimiento de los centinelas, contaba los minutos que tardaban los carruajes en entrar y salir, y memorizaba los horarios exactos de los cambios de guardia. Con la poca información que lograba captar cuando las pesadas puertas de madera o las ventanas se abrían momentáneamente, fue construyendo un plano mental detallado de la estructura interna.

El sol se ponía y salía mientras Diego continuaba su vigilancia, anotando en su memoria cada debilidad aparente en el perímetro real. Se dio cuenta de que el castillo no era solo una estructura de piedra, sino un organismo vivo con ritmos propios que debía aprender a descifrar si quería tener éxito.

En esos días de incertidumbre en los que Diego deambulaba por los alrededores del castillo, encontró una compañía inesperada en un pequeño gato callejero de pelaje gris. El animal parecía ser el único ser capaz de cruzar las fronteras entre el mundo de los ricos y los pobres sin levantar sospechas ni recibir gritos. A veces, el felino lo encontraba en los límites del bosque, frotándose contra sus piernas, y otras veces, Diego levantaba la vista para ver al gatito observándolo con curiosidad desde lo alto de los muros internos del castillo.

Un día, mientras observaba cómo el pequeño animal desaparecía entre una grieta y reaparecía minutos después en un sector diferente, a Diego se le ocurrió una idea brillante. Si lograba seguir los pasos del gato, quizás descubriría un acceso que sus ojos humanos habían pasado por alto durante toda la semana de vigilancia. Decidió esperar a que el animal hiciera su siguiente ronda, manteniendo la distancia justa para no asustarlo pero lo suficientemente cerca para no perder su rastro entre las piedras.

Fue así como descubrió una serie de alcantarillas antiguas, ocultas bajo una densa capa de arbustos, que funcionaban como el sistema de desagüe principal del castillo. Estos túneles estrechos y húmedos atravesaban los cimientos de la fortaleza, desembocando directamente en el interior de los terrenos reales.


